lunes, 30 de diciembre de 2013

Capítulo 2

Eve se levanto con dolor de cabeza, sin tener ni idea de lo que había hecho el día anterior y con unas nauseas terribles. Se levanto de la cama y se fue a darse una ducha fría. Después se vistió con la ropa de andar por casa y se dirigió al salón. En él estaba Rose:
-Buenos días- dijo Eve.
-Serán buenas tardes, son las cuatro.
-¿He dormido tanto?
-Sí, hay algo de comida dentro del congelador cómela.
-No tengo muchas ganas, no me encuentro muy bien.
-Vale, ¿Has vomitado?
-No, ¿por qué iba vomitar?
-Porque ayer te drogaste y te llenaste a alcohol.
-¿Qué? No me acuerdo de nada.
-¿Tampoco de que te pusiste a hacer un “striptease” delante de “The Beatles”?
-¿Qué me puse a hacer qué?
-Te subiste a una mesa y empezaste a desnudarte, menos mal que el dueño no estaba, te hubiera despedido.
-No me acuerdo de nada.
-Pues espero que la próxima vez te controles o ¿es que siempre que salgáis voy a tener que ser la madre de ti y Agnes?- dijo Rose gritando, estaba muy enfadada. Había pasado la peor noche de su vida cuidando de Eve y cuando se levanto se había encontrado a Agnes llorando desconsoladamente en la cama. 
-¡No me grites!
-¡Te gritare siempre que quiera!
-¡Cállate! Pareces mis padres.- Eve se dio cuenta de lo que acababa de decir y pregunto- ¿Hable ayer de mis padres?
-¿Eh? No ¿Por qué?
-No, por nada.
-Cuéntamelo, soy tu amiga. ¿Quiénes son tus padres?
-Ya te lo he dicho unos campesinos.
-No me lo creo
-¿Por qué?
-No pareces una campesina.
-Pues lo soy.
-¿Y por qué te fuiste?
-Porque no quería quedarme en el campo. Odiaba levantarme temprano, la suciedad y a los animales.
-Te gustan los animales.
-No, no me gustan
-Paul ayer te enseño a su perra y estuviste como loca jugando con ella.
-¿De verdad?
-También dijiste que tú tenías una perrita llamada Princesa y que adorabas los animales. En conclusión, o me mientes a mi o le mientes a él.
-Vale, me fui porque mis padres me odiaban.
-¿Por qué te odiaban?
-No quiero hablar de ello.
-Vale, pero si no me cuentas la verdad olvídate de mi amistad.- Rose se fue a su habitación. 
-Espera- Eve salió detrás de ella- te lo contare todo, pero prométeme no contárselo a nadie
-Te lo prometo.- la dejo pasar y las dos se sentaron en la cama.
-Bien, me llamo Eve Henley y no soy una antigua campesina. Mis padres son uno de los matrimonios más ricos de Inglaterra, vivía en Londres en una casa de campo con mis padres y mi perrita. Todos los días venían mis amigas a verme a mi casa y juntas pasábamos el día en la piscina o paseando por el campo, o incluso nos sentábamos en mi habitación y nos poníamos a hablar de chicos monos del instituto. Mis padres estaban muy orgullosos de mí. Cuando cumplí 15 contrataron a un nuevo jardinero, se llamaba Robert. Era alto, fornido, tenía el pelo de un castaño claro precioso, y sus ojos eran verdes. Me encantaba verle trabajar y un día me empezó a hablar. Al poco tiempo nos habíamos enamorado y nos veíamos a escondidas en su cabaña. El día de mi 16 cumpleaños por la noche me escape de mi cama y me fui a su cabaña. Él me beso apasionadamente y nos dejamos llevar por el deseo. Cuando llegue a casa mis padres estaba furiosos, el ama de llaves se lo había contado todo. A Robert lo despidieron en el acto y a mí me encerraron en mi habitación, a la gente le decían que estaba en un colegio norteamericano estudiando. No tuvieron compasión conmigo, pase tres años encerrada allí. Hace un mes me entere de que me habían concertado una boca con un amigo viejo y rico de mi padre, siempre había venido a nuestra casa y me regalaba muchas cosas, me había estado cortejando desde que tenía 10 años. Lo detestaba era viejo y asqueroso, siempre que pasaba una chica guapa le metía mano. No me podía creer que mis padres me estuviesen haciendo esto, con lo cual, me escape de casa y me vine a vivir a Liverpool. No quiero volver a verles y menos volver a saber algo de ellos. Por favor me gustaría no volver a hablar de esto. 
-Vale- Rose abrazó a Eve- esos sí que son unos malos padres. 
Como es natural el tiempo durante las siguientes semanas empeoro y los ánimos de Agnes eran como una montaña rusa… Por su cabeza rondaban un montón de ideas, pensamientos y dudas. Como no sabía qué hacer fue a dar un paseo para serenarse, eso la relajaba de todo lo ocurrido.
Fue entonces cuando vio a una gringa bajar a toda velocidad la calle. Llevaba tacones negros e iba envuelta en un abrigo rojo que le llevaba por las rodillas. Sus ojos escondidos en unas gafas de sol y su cabello recogido en un moño alto daban un toque glamoroso. Iba tan rápida y absorta en si misma que al pasar a Agnes le dio un empujón con el bolso.
—¡¿ EH?! – se quejo.
-Pero no recibió disculpas de nadie; ya había desaparecido. “Esta se cree Audrey Hepburn en busca de algún Tiffany’s” pensó. Pero la extrañeza de aquel día era solo el principio. Poco después, ya de regreso a su casa se le cruzo un gato negro indicio de mala suerte para algunos; no para Agnes. Más raro le pareció que Rose lo persiguiera…
— ¡¡ROSE, ESPERA!! – intento seguirla pero le perdió la pista.
Nada, ni caso, que pasa hoy, tan invisible era… De repente como salida de la nada una brisa agitó su pelo y su falda. Entonces vio como una persona corría y cruzaba la esquina por donde había pasado Rose. “Ese no era John” dijo mentalmente. Estaba desconcertada se dijo a si misma que no volvería a parar y se dirigió a casa en busca de Eve, si es que todavía no se había ido a trabajar.
Llego antes de que la pillara la tormenta pero regreso con más dudas con las que había salido, aun así dejo sus problemas a un lado para pensar en otras cosas.
Mientras Agnes paseaba, Eve y Rose tuvieron que irse a trabajar. Hoy en The Cavern serían los Beatles los que actuasen. Por alguna extraña razón, después de la actuación de la noche anterior, la guitarra de Rose no aparecía, menos se podía imaginar quien la pudiese tener entre sus manos. 
Al ser su primer día, Rose serviría las mesas y Eve en la barra. Apenas podían cruzarse palabra entre ellas, más que los pedidos que hacían los clientes. Llegó la hora, fue cuando los cuatro de favoritos de Liverpool hicieron acto de presencia en el escenario. John entró bromeando con Paul, mientras Ringo se colocaba en la batería y se reía de sus tonterías, y George, simplemente se mantenía al margen. Dentro de su seriedad y timidez, hoy el beatle tranquilo, no tenía ganas de bromear con sus amigos. Empezaron a tocar y Rose miró hacia ellos por un momento. No entendía que era lo que ellos tenían que los hacían tan importantes y enigmáticos, pero tenían algo, y a la gente les gustaba… Y la vio… ¿A quién? A su guitarra… John estaba tocando con ella y sonaba diferente a cuando ella la tocaba. John Lennon había robado su guitarra, si. Rose cambió su estado de ánimo a estar enfadada. Esa guitarra era lo único que tenía y le había costado mucho conseguirla, vivió más con ella que con cualquier persona y ahora John Lennon la tenía.
Rose se acercó con las bebidas a una mesa y las iba posando con fuerza, intentando descargar un poco de su enfado. Los clientes estaban extrañados, pero era igual, los Beatles estaban actuando y prefieron desviar su atención de nuevo hacia ellos.
-No me lo puedo creer.-Dijo Rose al acercarse a la barra.
-¿Qué pasó?-Preguntó Eve.
-Mi guitarra, ese Beatle tiene mi guitarra.-Contestó enfadada.
-Seguro que no sabía que era tuya, cuando acaben de tocar vete a hablar con él.
-Eso haré…
-Ahora ve allí.-dijo Eve señalando una mesa.-Tienes una mesa que atender.
Rose se fue y continuó con su trabajo.
Cuando acabaron la actuación el bar se empezó a vaciar de forma misteriosa, la mayoría de la gente solo iba para verles a ellos y una vez acabada la actuación no tenían porque seguir en ese local oscuro y lleno de humo. Rose aprovechó el momento. Dejó su bandeja en la barra y fue hacia la parte de atrás del escenario con las bebidas que los chicos tenían pactadas después de la actuación. Picó a la puerta como si nada hubiese pasado y apareció un hombre que no parecía tener nada que ver con los chicos. Tenía una cara agradable, el pelo peinado y traje. Parecía el padre de todos ellos y más o menos así era.
-Gracias.-dijo tomando las bebidas.
Alguien le tiró a ese hombre una camisa a la cabeza, se escuchaban risas y burlas desde dentro. Se acercó alguien a la puerta, sin camisa y le ayudó con las bebidas, era John. No se podía decir que era alguien que se preocupase por su forma física, pues no estaba precisamente delgado, pero tenía su encanto. Saludó a Rose de manera burlona.
-Hombre, la reina madre. ¿Cómo está tu amiga? Paul tiene un gran recuerdo de ella.
El hombre se fue, dejándola sola con John.
Ese comentario hizo que Rose ardiese por dentro, contestó seca y fría.
-Tengo que hablar contigo.
-Me gustan las chicas más difíciles, no las que van detrás de ti todo el tiempo, ¿me entiendes?-Contestó.
-Se trata de mi guitarra.
-¿Qué pasó con ella? ¿La empeñaste?
-Es la guitarra con la que tocaste esta noche,

exijo que me la devuelvas.-Dijo extendiendo la mano.
-Espera un momento, ¿cómo se que es tuya?
-Es mía, yo te lo estoy diciendo…
-Claro… Solo la quieres para venderla y tener dinero para volver a España porque fracasaste como cantante…
-Que en este “barucho” de mierda no me hayan querido contratar no significa que no sirva como cantante…
-Será verdad.-dijo con cara de indiferencia.
Abrió la puerta dejándola pasar, sin saber cómo ya no había nadie en el camerino. John se acercó a una mesa, tomó un cigarrillo y un mechero, lo puso entre sus labios y lo encendió. Rose puso una cara desagradable. Él se apoyó contra la mesa y dijo:
-Negociemos.
-No hay nada que negociar… Dame mi guitarra-Insistió.
-Deberías darme algo a cambio, ¿no crees? Yo la encontré… Podían haberla tirado a un contenedor después de tu actuación.
-Eres cansino, y un imbécil…
-Sí, sigue así, me gusta…-Dijo con un tono placentero.
-¡Me pones mala!
La acercó a él.
-Sí, más…-Dijo en el mismo tono.
-Estúpido.
Intentó alejarse, pero John la estaba cogiendo con fuerza por la cintura, lo empujaba y él la agarraba aún más fuerte. Por un momento, Rose dejó de hacer fuerza contra él, John aprovechó a cogerla por el cuello y la besó. Dejó de pensar por un momento y no opuso resistencia, le siguió el beso, hasta que se dio cuenta de lo que estaba pasando.
Rose lo empujó con fuerza y se alejó de él. Agarró lo que más a mano tenía, una cartera y salió corriendo. John se había quedado perdido después de haber besado a Rose, había conseguido lo que deseaba. Reaccionó y la vio salir corriendo con algo en las manos, miró a todos lados. Su cartera. Rose salió del bar corriendo y John tras ella.
Cuando ella salió de bar un gato negro echó a correr asustado, cruzó la carretera sin mirar, pero por suerte no pasó ningún coche por allí. John la perseguía y ella corría por una ciudad prácticamente desconocida. Dio la vuelta a una esquina y se encontró en un callejón sin salida. John seguía persiguiéndola, debía encontrar una forma de escapar. Demasiado tarde John dio la vuelta a la esquina y la aferro fuertemente del brazo.
-Quieta.
-¡¡Socorro!!
-Cállate y devuélveme la cartera.
Rose miro su mano y vio la cartera que había cogido al salir corriendo, no era la suya. La utilizaría en su favor.
-¿Cómo se que es tuya?
-¿Por qué lo es?
-Yo no veo tu nombre.
-Te he dicho que me la des.
-Y que me vas a dar a cambio.
-¡¡Ah!! Ahora caigo, quieres la guitarra.
-Y que me dejes irme. 
-Trato hecho toma tu guitarra.-le dio la guitarra.
-Aquí tienes tu cartera.-Ella le devolvió la cartera.
-Una cosa más, volveré, no te creas que has ganado.

Después de eso Rose salió corriendo y no paró hasta llegar a su casa, donde se encontró a Eve con unas maletas.
-¿Te vas a algún lado?
-Sí, me voy lejos de aquí, lo más lejos posible de aquí.
-¿Por qué?
-Mis padres me han encontrado, tengo que escapar de ellos.
-No te vayas, te echaríamos de menos
-Pero si ya saben hasta donde vivo.
-Creo que tengo una idea, aunque no sé si es lo mejor. Pero tendremos que contárselo todo a Agnes.
-No, prefiero que no lo sepa nadie más.
-Se lo diremos, es la única forma de que te encuentren tus padres.
-Vale.
Por la noche, a la hora de la cena, Rose y Eve le contaron la historia del pasado oculto de Eve. Agnes no sabía cómo podía ayudar pero Rose sí, se lo explico todo y las tres se pusieron manos a la obra.

domingo, 29 de diciembre de 2013

CAPÍTULO 1

Corrían los años 60 en la ciudad portuaria de Liverpool. Era una lluviosa tarde de otoño cuando regresaba el “Victoria” del nuevo continente. En él estaba el padre de Agnes, Louis Doherty, un marinero irlandés que volvía a su hogar. Su casa estaba en un barrio obrero, una monotonía de casas grises. Sus calles estaban llenas de niños que jugaban a pesar del mal tiempo. En el número 68 con un buzón amarillo, algo bastante raro, vivía los Doherty. Agnes era la hija mediana de 3 hermanos y la única niña. Su madre había muerto tras el parto de su tercer hijo Teddy. Después de aquella trágica muerte ella había tomado el papel de madre y ama de casa, perdiendo su infancia a temprana edad. Era una muchacha de piel blanca y ojos negros como el azabache. Llevaba el pelo suelto y ondulado. Corrían tiempos de pobreza, y Agnes durante la ausencia de su padre se dedicaba a alquilar las dos habitaciones sobrantes de su casa.
Llegada de España con la esperanza de triunfar en la música, Rosa buscaba un lugar donde vivir y un local donde trabajar. Era una chica de 18 años, blanca pero más morena de las que se daban por Inglaterra, se notaba que era extranjera. Tenía el pelo castaño y muy largo, que recogía muchas veces en una coleta para que no le molestara. Su personalidad podría llegar de la más seria a estar “como una regadera”. Sus amigos la apodaban Rose, los echaría mucho de menos al igual que a su familia, pero había ido a cumplir un sueño y no se iría hasta conseguirlo.
Ya había pasado un mes de aquella oscura noche de otoño en la que Eve había dejado su casa para escapar de la opresión de sus padres. Era de una de las familias más ricas de Inglaterra y aunque tenía todas las comodidades del mundo, había optado por escaparse y vivir una vida sencilla. Tal vez formar una familia ajena a los intereses de sus padres. Claro que echaba de menos a sus amigas “pijitas” y superficiales pero se había dado cuenta de que al menos ella no se ganaría la vida por su cara bonita. Nacida en Londres en 1943 acababa de cumplir la edad de 18 años, era rubia de ojos miel, muy blanca debido a la vida encerrada en casa que le había precedido desde que cumplió los 16 años. Trabajaba en un bar en Liverpool, era eficiente en su trabajo aunque anhelara dejarlo y casarse con un chico que le diese mucho amor. Su casera le había dicho que tendría que irse porque iba a vender la casa, y ahora buscaba un sitio donde alojarse.
El padre de Agnes solo se quedaría una semana pero aun así ella estaba muy contenta de tenerlo allí, le echaba mucho de menos cuando se iba. Al fin y al cabo tan solo era una niña y era él la única familia que le quedaba ahora. Sus hermanos se habían casado a muy temprana edad y se habían ido de casa para no volver. Eran unos desagradecidos después de todo lo que ella había hecho por ellos y no podían ir ni una sola vez a visitarla, ni siquiera mandarle una felicitación de navidad. Ella les había mandado montones de cartas pero ellos no habían contestado a ninguna y ella dejo de mandarlas. Pero su padre sí que la quería y siempre que podía iba a verla, si en un largo tiempo no podía ir le mandaba dinero para que se pudiera mantener. Lo que él no sabía era que los precios habían subido y apenas le daba para comprar el pan lo que le daba. 
Pasada la estancia de su padre Agnes empezó a colgar anuncios por todos lados con el ofrecimiento de dar alojamiento y comida por la cantidad de 3 chelines por semana. Pronto llegaron las contestaciones, entre ellas se encontraban las de dos chicas, y fue a ellas a quien cito para que conocieran sus habitaciones y para ver si eran moradoras correctas. Resultaron ser dos amigas que se acababan de conocer y parecían muy majas y formales. No dudo en darles a cada una su habitación. Al poco tiempo de compartir la casa con ellas se dio cuenta de que se habían hecho grandes amigas las tres.
Rose había vuelto a llegar muy triste a casa, no la había encontrado otra vez trabajo. No sabía qué hacer si no encontraba trabajo pronto no podría pagar su habitación una semana más. Sabía que Eve trabajaba en un bar con actuaciones pero aun no se había armado de valor para pedirle que le ayudara a encontrar trabajo. Pero que podría hacer ella, solo era una camarera, nada más. Aun así tenía que intentarlo, así que el lunes se acerco a Eve y empezó a hablar de cosas sin importancia, como por ejemplo su pasado, la verdad sospechaba que ella no le contaba la verdad sobre ese tema. No se podía creer que una chica con tan buenos modales y de piel tan blanca proviniera de la dureza de trabajar en el campo. Tampoco se creía que una camarera ganara tanto como para poder comprarse tan buenos vestidos y todo tipo de caprichos, debía estar ocultando algo. Pero ¿por qué quería ella ocultárselo a sus mejores amigas?. En verdad, Agnes y Eve eran sus únicas amigas dado que eran las únicas que comprendían lo que era echar de menos a su familia. La madre de Agnes había muerto y su padre estaba en la mar, los padres de Eve habían muerto hace poco y ella había tenido que irse del campo y ganarse la vida por sí misma, o eso decía ella. Cansada de hablar de tonterías como que siempre hacía muy mal tiempo y cosas de esas Rose abordo el tema:
-Eve ¿tienes relación con tu jefe?
-Bueno, solo la que debería haber entre dos personas que trabajan juntas. ¿Por qué?
-Nada porque a lo mejor podrías hablar con él para que me contratara como cantante en su bar, al menos durante una noche.
-Pues claro que sí hablare con él esta misma noche y el viernes estarás actuando.
Esa misma tarde Eve se dirigió a “The Cavern” para empezar su turno de noche. Era un pub poco sucio y oscuro pero desde que los Beatles habían empezado a actuar allí casi todas las noches se había vuelto muy popular. Eve apenas tenía tiempo para pararse a ver la actuación, pero casi siempre se tomaba un descanso de diez minutos para ver a Paul McCartney cantar, no lo hacía muy bien tenía una voz que no pegaba en absoluto con su forma física. Parecía un inocente niño con voz de hombre. Pero a Eve le encantaba, se podría decir que estaba enamorada de él siempre estaba pensando en él, cuando le tocaba servirlos se le trababan las palabras y se volvía una torpe. Siempre hacía el ridículo por eso evitaba a toda costa servirles. 
Se dirigió a la cocina para hablar con su jefe sobre la carabina del viernes por la noche. Los anteriores carabinas de los Beatles habían desistido porque creían que cantar no merecía la pena, así que su jefe estaba en un apuro muy gordo y aceptaría a cualquier cantante. -¿Señor? ¿Puedo hablar un minuto con usted?
-Claro Eve ¿de qué se trata? Si es por tu sueldo, te lo subiré cuando empieces a
servir a nuestros cantantes.
-No, no es por eso. Quería hablarle de la actuación del viernes.
-¿También cantas?
-Yo no, pero tengo una amiga que sí y necesita trabajo
-Bueno vale dile que el viernes tiene prueba si le gusta al público se quedara pero sino no. ¿De acuerdo?
-Muchas gracias.
Le abrazo como muestra de agradecimiento y se puso a trabajar. Estaba muy impaciente por llegar a casa y contárselo a Rose se pondría contentísima. Era solo una prueba y la verdad Eve nunca la había visto cantar pero estaba convencida que lo haría genial.
El viernes por la noche Rose estaba muy nerviosa, tenía que actuar delante de mucha gente incluidas sus amigas, Agnes y Eve, y “The Beatles”, el grupo del momento. Si esa noche conseguía gustarles trabajaría allí todo los viernes pero si no tendría que volver a España con su familia. Tenía mucho miedo hasta ahora había fracasado, estaba empezando a pensar que era mala cantando a pesar de lo que decían sus familiares. 
Subió al escenario y empezó a cantar su primera canción, al momento vio que le tiraban tomates, había fracasado. El dueño la saco del escenario y la llevo a ella junto con Eve a la cocina.
-Eve, no puedo darle trabajo.
-No es tan mala –dijo Eve
-Ya, pero a la gente no le gusta.
-Tendré que volver a España- dijo Rose desesperada.
-Bueno, no necesariamente, eres guapa.
-¿Eh? 
-Te está ofreciendo trabajo como camarera, tiene una forma muy particular de decirlo –le explico Eve.
-¿Bueno aceptas? 
-Claro, hare todo lo que haga falta para quedarme en Liverpool.
Y así fue como Rose acabo siendo la camarera de “The Cavern”.
Una vez que Rose y Eve acabaron su turno, fueron a reunirse con Agnes. Ella les esperaba sentada en una mesa, se sentaron con ellas. Al rato aparecieron cuatro chicos muy monos, eran Ringo, John, Paul y George. 
-¿Nos podemos sentar con vosotras?- pregunto John.
-Pues claro – contesto Rose, que era la única que no tenía la boca abierta de la emoción. Eve no se podía creer que su mayor sueño, que Paul se sentase con ella, se estuviera cumpliendo. A Agnes le gustaba mucho George y había escuchado muchas veces al grupo, era una de sus mayores fans. ¿Y cuál es el mayor deseo de una fan? Conocer a su ídolo. Mientras las dos chicas estaban inmersas en la emoción los chicos ya se habían sentado. 
George se sentó al lado de Agnes y empezó a hablar con ella:
-¿Cómo te llamas?
-Agnes. 
-Encantado de conocerte Agnes. Nunca te he visto por aquí.
-Solo he venido a ver la actuación de mi amiga.
-Canta muy bien pero necesita estar acompañada de música.
-Lo mismo pienso yo.
-¿Entiendes de música?
- Algo 
-¿Qué tipo de música te gusta?
- Pop y Rock. 
-A mi igual. Me encanta Elvis. 
-Si está bien… 
-¿Está bien? 
-No me entusiasma Elvis… Me gusta más Chuck Berry o Little Richard. 
-Nunca me encontré con una chica que los prefiriese a ellos. 
-Será que soy especial.
-Eso no lo dudes.
Agnes se sonrojo, George creía que ella era especial.
-Nunca me imaginé que hacer ponerse roja a una chica fuera tan divertido.
-No seas malo.
Se acerca a ella y le da un dulce beso en la boca. Agnes se siente como en una nube, sus labios están rozando por primera vez los de un chico. George tenía los labios suaves y esponjosos, ¿qué pensaría ella de su beso de principiante?
-Me encanta tu pelo- acabo diciendo George.
John y Ringo se pusieron a un lado y a otro de Rosa y empezaron a hacer tonterías como siempre. Ringo se puso con las baquetas a marcar el ritmo en la mesa y John a reírse como un maniaco. Entre tanto Rose les miraba con cara rara:
-¿De qué te ríes?
-No sé, ¿tú qué crees?
-Está mal de la cabeza déjalo – dijo Ringo.
-Mira quien fue a hablar el enano narizón con gorrito rojo.
-No llevo gorrito rojo.
-Me dais miedo – dijo Rose
Volvió a ponerse a reír como si nada.
Mientras tanto Paul se sentó al lado de Eve.
-¿Tú no eres la camarera que no quiere atendernos?
Eve se puso roja como una tomate y le contestó:
-Puede…
-¿Te damos miedo?
-Un poco si
-Bueno yo se como hacer para que no te demos tanto miedo
-¿Cómo?
-Toma-Le da una pastilla
-¿Qué es esto?
-LSD
-¿Me hará daño?
-Tómalo y lo averiguaras
-Vale pero si me pasa algo espero que me cuides
-Te lo prometo.
Se lo tomó y al cabo de veinte minutos se empezó a poner muy contenta. Empezó a ver unicornios y las paredes distorsionadas, cuando se dio cuenta estaba encima de una mesa quitándose la blusa. Todos a su alrededor la estaban mirando de una forma muy rara, Agnes no se daba cuenta estaba besándose con George y Rose estaba tirándola de un brazo para que se bajara, pero ella no le hacía mucho caso estaba feliz bailando y quitando se la ropa delante de los chicos. John le dijo a Rose:
- Tomate tu también un poco, ella se lo está pasando genial.
- No, está haciendo el ridículo.
- Ninguno nos acordaremos, estamos en el mismo estado que ella, solo te acordaras tú.
George siguió besando a Agnes ajeno a lo que pasaba en la mesa. Tenía su mano en la cintura de ella, bajó la mano y se la puso en la pierna. Se la acariciaba suavemente, mientas que con la otra mano la subía y le acariciaba un pecho.
-Estamos en un bar – dijo Agnes apartándose de él.
-Pues si quieres nos vamos a mi casa.
-Imbécil – le dió una bofetada en la mejilla.
La cogió en volandas y se la llevó a la calle.
-Me da igual lo que digas estás muy buena y no pienso parar.
-Vale… - le empezó a dar manotazos en la espalda sin ningún resultado.
Le metió a la fuerza una pastilla en la boca y m
ientras la pastilla hacía efecto se la llevó a su casa. Cuando llegaron la puso en la cama, ella estaba riéndose y diciendo todo el rato: “Me pones mucho.”
George empezó a acariciarle las piernas y a besarla apasionadamente en la boca. Luego le acaricio los pechos, eran firmes y suaves como el culito de un bebe. Ella le empezó a acariciar el pelo y a besar el cuello. Se dejaron llevar por la pasión que ninguno en circunstancias normales hubiera expresado. Se unieron en una sola persona y disfrutaron como nunca lo habían hecho. George se dio cuenta de que Agnes era virgen; él no, ya sus amigos se habían encargado ya de ello. 
A la mañana siguiente Agnes se despertó en una habitación que ella no conocía, intentó recordar lo que ayer había pasado pero le fue imposible su último recuerdo era de cuando George se había propasado y le había metido algo en la boca. Se sentía rara le dolía mucho la entrepierna y tenía una sensación de haber tenido algo que no era de ella dentro. También se sentía mojada, como cuando tenía el periodo así que fue al baño y cuando se miro las bragas se dio cuenta de que estaba sangrando, no le tocaba, ¿cómo era posible? Volvió a entrar en la habitación, y lo empezó a comprenderlo todo. Había hecho el amor con aquel chico que estaba tumbado en la cama, ya no era virgen, ¿por qué lo había hecho? Se tiro encima de él y empezó a pegarle.
- Vaya forma de despertarme tienes. – dijo George.
- Me has violado.
- ¿Yo? Tú no pusiste objeción
- Porque me habías drogado. – Agnes empezó a llorar desconsoladamente.
- Shh, no pasa nada, ¿por qué lloras?
- ¿Y si me quedo embarazada?
- Te juro que te cuidare.
- ¿Eh?
- Bueno si la verdad es que me parece que me he enamorado de ti, cuando te besaba me sentía como en una nube, ahora me siento revuelto y con ganas de abrazarte y besarte. No me importa que me pegues porque solo verte me hace feliz. Aparte sé que no estás enfadada de verdad.
- Si lo estoy.
- No lo estas, si lo estuvieras ahora ya no estarías aquí.
Era verdad ella no se arrepentía de haberlo hecho con George solo tenía miedo de haberse quedado embarazada, debía irse y no volver a verle porque si no podía ocurrírsele volvérselo hacer. 
- Adiós.
- No hace falta que te vayas, quédate a desayunar.
- No, me voy, adiós, no quiero volver a verte nunca más.
Abrió la puerta y se fue con un portazo, George se quedó en la cama completamente conmocionado, se arrepintió de no haberla retenido, y se puso a llorar como nunca lo había hecho.

Beatgirl

A partir de ahora subiré un FF hecho por mí hace mucho tiempo. Este consta de tres libros, cada libro contiene 6 capítulos. Aunque el último libro aún no está acabado os voy a dejar para que vayáis disfrutando poco a poco de la historia.


ESPERO QUE LO DISFRUTEIS

domingo, 8 de diciembre de 2013

33 años sin él


Hace 33 años se murió John Lennon.. Se podría decir que esta es la noticia del día en mi vida. Soy una española más o eso cree todo el mundo. Al igual que creen que John Lennon ha muerto.

Me giré en la cama y lo contemple dormido a mi lado. Estaba  tan tranquilo. A veces parecía que no respiraba cuando dormía. No pude evitar que las lágrimas afloraran en mis ojos y acto seguido romper a llorar desconsoladamente. 

John, a sus 73 años, no había envejecido ni un ápice. Seguía pareciendo aquel hombre de 40 años al que le había arrebatado la vida. Aunque más o menos eso habían hecho. en 1980 le pegaron 5 tiros de los que cuatro le perforaron el pecho y uno falló. Ninguno le acertó en el corazón, pero los médicos no pudieron reanimarlo porque sus pulmones se había inundado de sangre. Así que se podría decir que murió. 

Hace más o menos tres años en mi  vida pasó algo maravillosa. Una noche estaba yo estudiando para un examen que tenía al día siguiente y mi principe azul se me apareció en la habitación. Admito que tuve miedo. Obvio, un hombre había irrumpido en mi habitación sin usar ni la puerta ni la ventana. Intente gritar, pero él no me dejó. Me calló con un beso. Desde entonces vivimos juntos.

El me enseñó a los Beatles... me lo enseñó todo. Todo lo que se. Me dio esperanzas en mi vida. Él está ahí en los buenos y en los malos momentos. Me anima me apoya. Me ama... 

John abrió los ojos y me miró. Probablemente se preguntó por qué lloraba, pero sin hacer la pregunta me abrazó. Yo sentí su olor y su cariño. Daba igual que para el resto del mundo estuviese muerto. Para mí el seguía y seguirá siembre vivo.