Eve se levanto con dolor de cabeza, sin tener ni idea de lo que había hecho el día anterior y con unas nauseas terribles. Se levanto de la cama y se fue a darse una ducha fría. Después se vistió con la ropa de andar por casa y se dirigió al salón. En él estaba Rose:
-Buenos días- dijo Eve.
-Serán buenas tardes, son las cuatro.
-¿He dormido tanto?
-Sí, hay algo de comida dentro del congelador cómela.
-No tengo muchas ganas, no me encuentro muy bien.
-Vale, ¿Has vomitado?
-No, ¿por qué iba vomitar?
-Porque ayer te drogaste y te llenaste a alcohol.
-¿Qué? No me acuerdo de nada.
-¿Tampoco de que te pusiste a hacer un “striptease” delante de “The Beatles”?
-¿Qué me puse a hacer qué?
-Te subiste a una mesa y empezaste a desnudarte, menos mal que el dueño no estaba, te hubiera despedido.
-No me acuerdo de nada.
-Pues espero que la próxima vez te controles o ¿es que siempre que salgáis voy a tener que ser la madre de ti y Agnes?- dijo Rose gritando, estaba muy enfadada. Había pasado la peor noche de su vida cuidando de Eve y cuando se levanto se había encontrado a Agnes llorando desconsoladamente en la cama.
-¡No me grites!
-¡Te gritare siempre que quiera!
-¡Cállate! Pareces mis padres.- Eve se dio cuenta de lo que acababa de decir y pregunto- ¿Hable ayer de mis padres?
-¿Eh? No ¿Por qué?
-No, por nada.
-Cuéntamelo, soy tu amiga. ¿Quiénes son tus padres?
-Ya te lo he dicho unos campesinos.
-No me lo creo
-¿Por qué?
-No pareces una campesina.
-Pues lo soy.
-¿Y por qué te fuiste?
-Porque no quería quedarme en el campo. Odiaba levantarme temprano, la suciedad y a los animales.
-Te gustan los animales.
-No, no me gustan
-Paul ayer te enseño a su perra y estuviste como loca jugando con ella.
-¿De verdad?
-También dijiste que tú tenías una perrita llamada Princesa y que adorabas los animales. En conclusión, o me mientes a mi o le mientes a él.
-Vale, me fui porque mis padres me odiaban.
-¿Por qué te odiaban?
-No quiero hablar de ello.
-Vale, pero si no me cuentas la verdad olvídate de mi amistad.- Rose se fue a su habitación.
-Espera- Eve salió detrás de ella- te lo contare todo, pero prométeme no contárselo a nadie
-Te lo prometo.- la dejo pasar y las dos se sentaron en la cama.
-Bien, me llamo Eve Henley y no soy una antigua campesina. Mis padres son uno de los matrimonios más ricos de Inglaterra, vivía en Londres en una casa de campo con mis padres y mi perrita. Todos los días venían mis amigas a verme a mi casa y juntas pasábamos el día en la piscina o paseando por el campo, o incluso nos sentábamos en mi habitación y nos poníamos a hablar de chicos monos del instituto. Mis padres estaban muy orgullosos de mí. Cuando cumplí 15 contrataron a un nuevo jardinero, se llamaba Robert. Era alto, fornido, tenía el pelo de un castaño claro precioso, y sus ojos eran verdes. Me encantaba verle trabajar y un día me empezó a hablar. Al poco tiempo nos habíamos enamorado y nos veíamos a escondidas en su cabaña. El día de mi 16 cumpleaños por la noche me escape de mi cama y me fui a su cabaña. Él me beso apasionadamente y nos dejamos llevar por el deseo. Cuando llegue a casa mis padres estaba furiosos, el ama de llaves se lo había contado todo. A Robert lo despidieron en el acto y a mí me encerraron en mi habitación, a la gente le decían que estaba en un colegio norteamericano estudiando. No tuvieron compasión conmigo, pase tres años encerrada allí. Hace un mes me entere de que me habían concertado una boca con un amigo viejo y rico de mi padre, siempre había venido a nuestra casa y me regalaba muchas cosas, me había estado cortejando desde que tenía 10 años. Lo detestaba era viejo y asqueroso, siempre que pasaba una chica guapa le metía mano. No me podía creer que mis padres me estuviesen haciendo esto, con lo cual, me escape de casa y me vine a vivir a Liverpool. No quiero volver a verles y menos volver a saber algo de ellos. Por favor me gustaría no volver a hablar de esto.
-Vale- Rose abrazó a Eve- esos sí que son unos malos padres.
Como es natural el tiempo durante las siguientes semanas empeoro y los ánimos de Agnes eran como una montaña rusa… Por su cabeza rondaban un montón de ideas, pensamientos y dudas. Como no sabía qué hacer fue a dar un paseo para serenarse, eso la relajaba de todo lo ocurrido.
Fue entonces cuando vio a una gringa bajar a toda velocidad la calle. Llevaba tacones negros e iba envuelta en un abrigo rojo que le llevaba por las rodillas. Sus ojos escondidos en unas gafas de sol y su cabello recogido en un moño alto daban un toque glamoroso. Iba tan rápida y absorta en si misma que al pasar a Agnes le dio un empujón con el bolso.
—¡¿ EH?! – se quejo.
-Pero no recibió disculpas de nadie; ya había desaparecido. “Esta se cree Audrey Hepburn en busca de algún Tiffany’s” pensó. Pero la extrañeza de aquel día era solo el principio. Poco después, ya de regreso a su casa se le cruzo un gato negro indicio de mala suerte para algunos; no para Agnes. Más raro le pareció que Rose lo persiguiera…
— ¡¡ROSE, ESPERA!! – intento seguirla pero le perdió la pista.
Nada, ni caso, que pasa hoy, tan invisible era… De repente como salida de la nada una brisa agitó su pelo y su falda. Entonces vio como una persona corría y cruzaba la esquina por donde había pasado Rose. “Ese no era John” dijo mentalmente. Estaba desconcertada se dijo a si misma que no volvería a parar y se dirigió a casa en busca de Eve, si es que todavía no se había ido a trabajar.
Llego antes de que la pillara la tormenta pero regreso con más dudas con las que había salido, aun así dejo sus problemas a un lado para pensar en otras cosas.
Mientras Agnes paseaba, Eve y Rose tuvieron que irse a trabajar. Hoy en The Cavern serían los Beatles los que actuasen. Por alguna extraña razón, después de la actuación de la noche anterior, la guitarra de Rose no aparecía, menos se podía imaginar quien la pudiese tener entre sus manos.
Al ser su primer día, Rose serviría las mesas y Eve en la barra. Apenas podían cruzarse palabra entre ellas, más que los pedidos que hacían los clientes. Llegó la hora, fue cuando los cuatro de favoritos de Liverpool hicieron acto de presencia en el escenario. John entró bromeando con Paul, mientras Ringo se colocaba en la batería y se reía de sus tonterías, y George, simplemente se mantenía al margen. Dentro de su seriedad y timidez, hoy el beatle tranquilo, no tenía ganas de bromear con sus amigos. Empezaron a tocar y Rose miró hacia ellos por un momento. No entendía que era lo que ellos tenían que los hacían tan importantes y enigmáticos, pero tenían algo, y a la gente les gustaba… Y la vio… ¿A quién? A su guitarra… John estaba tocando con ella y sonaba diferente a cuando ella la tocaba. John Lennon había robado su guitarra, si. Rose cambió su estado de ánimo a estar enfadada. Esa guitarra era lo único que tenía y le había costado mucho conseguirla, vivió más con ella que con cualquier persona y ahora John Lennon la tenía.
Rose se acercó con las bebidas a una mesa y las iba posando con fuerza, intentando descargar un poco de su enfado. Los clientes estaban extrañados, pero era igual, los Beatles estaban actuando y prefieron desviar su atención de nuevo hacia ellos.
-No me lo puedo creer.-Dijo Rose al acercarse a la barra.
-¿Qué pasó?-Preguntó Eve.
-Mi guitarra, ese Beatle tiene mi guitarra.-Contestó enfadada.
-Seguro que no sabía que era tuya, cuando acaben de tocar vete a hablar con él.
-Eso haré…
-Ahora ve allí.-dijo Eve señalando una mesa.-Tienes una mesa que atender.
Rose se fue y continuó con su trabajo.
Cuando acabaron la actuación el bar se empezó a vaciar de forma misteriosa, la mayoría de la gente solo iba para verles a ellos y una vez acabada la actuación no tenían porque seguir en ese local oscuro y lleno de humo. Rose aprovechó el momento. Dejó su bandeja en la barra y fue hacia la parte de atrás del escenario con las bebidas que los chicos tenían pactadas después de la actuación. Picó a la puerta como si nada hubiese pasado y apareció un hombre que no parecía tener nada que ver con los chicos. Tenía una cara agradable, el pelo peinado y traje. Parecía el padre de todos ellos y más o menos así era.
-Gracias.-dijo tomando las bebidas.
Alguien le tiró a ese hombre una camisa a la cabeza, se escuchaban risas y burlas desde dentro. Se acercó alguien a la puerta, sin camisa y le ayudó con las bebidas, era John. No se podía decir que era alguien que se preocupase por su forma física, pues no estaba precisamente delgado, pero tenía su encanto. Saludó a Rose de manera burlona.
-Hombre, la reina madre. ¿Cómo está tu amiga? Paul tiene un gran recuerdo de ella.
El hombre se fue, dejándola sola con John.
-Hombre, la reina madre. ¿Cómo está tu amiga? Paul tiene un gran recuerdo de ella.
El hombre se fue, dejándola sola con John.
Ese comentario hizo que Rose ardiese por dentro, contestó seca y fría.
-Tengo que hablar contigo.
-Tengo que hablar contigo.
-Me gustan las chicas más difíciles, no las que van detrás de ti todo el tiempo, ¿me entiendes?-Contestó.
-Se trata de mi guitarra.
-¿Qué pasó con ella? ¿La empeñaste?
-Es la guitarra con la que tocaste esta noche,
exijo que me la devuelvas.-Dijo extendiendo la mano.
-Espera un momento, ¿cómo se que es tuya?
-Es mía, yo te lo estoy diciendo…
-Claro… Solo la quieres para venderla y tener dinero para volver a España porque fracasaste como cantante…
-Que en este “barucho” de mierda no me hayan querido contratar no significa que no sirva como cantante…
-Será verdad.-dijo con cara de indiferencia.
Abrió la puerta dejándola pasar, sin saber cómo ya no había nadie en el camerino. John se acercó a una mesa, tomó un cigarrillo y un mechero, lo puso entre sus labios y lo encendió. Rose puso una cara desagradable. Él se apoyó contra la mesa y dijo:
-Negociemos.
-Negociemos.
-No hay nada que negociar… Dame mi guitarra-Insistió.
-Deberías darme algo a cambio, ¿no crees? Yo la encontré… Podían haberla tirado a un contenedor después de tu actuación.
-Eres cansino, y un imbécil…
-Sí, sigue así, me gusta…-Dijo con un tono placentero.
-¡Me pones mala!
La acercó a él.
-Sí, más…-Dijo en el mismo tono.
-Estúpido.
Intentó alejarse, pero John la estaba cogiendo con fuerza por la cintura, lo empujaba y él la agarraba aún más fuerte. Por un momento, Rose dejó de hacer fuerza contra él, John aprovechó a cogerla por el cuello y la besó. Dejó de pensar por un momento y no opuso resistencia, le siguió el beso, hasta que se dio cuenta de lo que estaba pasando.
Rose lo empujó con fuerza y se alejó de él. Agarró lo que más a mano tenía, una cartera y salió corriendo. John se había quedado perdido después de haber besado a Rose, había conseguido lo que deseaba. Reaccionó y la vio salir corriendo con algo en las manos, miró a todos lados. Su cartera. Rose salió del bar corriendo y John tras ella.
Cuando ella salió de bar un gato negro echó a correr asustado, cruzó la carretera sin mirar, pero por suerte no pasó ningún coche por allí. John la perseguía y ella corría por una ciudad prácticamente desconocida. Dio la vuelta a una esquina y se encontró en un callejón sin salida. John seguía persiguiéndola, debía encontrar una forma de escapar. Demasiado tarde John dio la vuelta a la esquina y la aferro fuertemente del brazo.
-Quieta.
-¡¡Socorro!!
-¡¡Socorro!!
-Cállate y devuélveme la cartera.
Rose miro su mano y vio la cartera que había cogido al salir corriendo, no era la suya. La utilizaría en su favor.
-¿Cómo se que es tuya?
-¿Por qué lo es?
-Yo no veo tu nombre.
-Te he dicho que me la des.
-Y que me vas a dar a cambio.
-¡¡Ah!! Ahora caigo, quieres la guitarra.
-Y que me dejes irme.
-Trato hecho toma tu guitarra.-le dio la guitarra.
-Aquí tienes tu cartera.-Ella le devolvió la cartera.
-Una cosa más, volveré, no te creas que has ganado.
-Aquí tienes tu cartera.-Ella le devolvió la cartera.
-Una cosa más, volveré, no te creas que has ganado.
Después de eso Rose salió corriendo y no paró hasta llegar a su casa, donde se encontró a Eve con unas maletas.
-¿Te vas a algún lado?
-Sí, me voy lejos de aquí, lo más lejos posible de aquí.
-¿Por qué?
-Mis padres me han encontrado, tengo que escapar de ellos.
-No te vayas, te echaríamos de menos
-Pero si ya saben hasta donde vivo.
-Creo que tengo una idea, aunque no sé si es lo mejor. Pero tendremos que contárselo todo a Agnes.
-No, prefiero que no lo sepa nadie más.
-Se lo diremos, es la única forma de que te encuentren tus padres.
-Vale.
Por la noche, a la hora de la cena, Rose y Eve le contaron la historia del pasado oculto de Eve. Agnes no sabía cómo podía ayudar pero Rose sí, se lo explico todo y las tres se pusieron manos a la obra.
