Corrían los años 60 en la ciudad portuaria de Liverpool. Era una lluviosa tarde de otoño cuando regresaba el “Victoria” del nuevo continente. En él estaba el padre de Agnes, Louis Doherty, un marinero irlandés que volvía a su hogar. Su casa estaba en un barrio obrero, una monotonía de casas grises. Sus calles estaban llenas de niños que jugaban a pesar del mal tiempo. En el número 68 con un buzón amarillo, algo bastante raro, vivía los Doherty. Agnes era la hija mediana de 3 hermanos y la única niña. Su madre había muerto tras el parto de su tercer hijo Teddy. Después de aquella trágica muerte ella había tomado el papel de madre y ama de casa, perdiendo su infancia a temprana edad. Era una muchacha de piel blanca y ojos negros como el azabache. Llevaba el pelo suelto y ondulado. Corrían tiempos de pobreza, y Agnes durante la ausencia de su padre se dedicaba a alquilar las dos habitaciones sobrantes de su casa.
Llegada de España con la esperanza de triunfar en la música, Rosa buscaba un lugar donde vivir y un local donde trabajar. Era una chica de 18 años, blanca pero más morena de las que se daban por Inglaterra, se notaba que era extranjera. Tenía el pelo castaño y muy largo, que recogía muchas veces en una coleta para que no le molestara. Su personalidad podría llegar de la más seria a estar “como una regadera”. Sus amigos la apodaban Rose, los echaría mucho de menos al igual que a su familia, pero había ido a cumplir un sueño y no se iría hasta conseguirlo.
Ya había pasado un mes de aquella oscura noche de otoño en la que Eve había dejado su casa para escapar de la opresión de sus padres. Era de una de las familias más ricas de Inglaterra y aunque tenía todas las comodidades del mundo, había optado por escaparse y vivir una vida sencilla. Tal vez formar una familia ajena a los intereses de sus padres. Claro que echaba de menos a sus amigas “pijitas” y superficiales pero se había dado cuenta de que al menos ella no se ganaría la vida por su cara bonita. Nacida en Londres en 1943 acababa de cumplir la edad de 18 años, era rubia de ojos miel, muy blanca debido a la vida encerrada en casa que le había precedido desde que cumplió los 16 años. Trabajaba en un bar en Liverpool, era eficiente en su trabajo aunque anhelara dejarlo y casarse con un chico que le diese mucho amor. Su casera le había dicho que tendría que irse porque iba a vender la casa, y ahora buscaba un sitio donde alojarse.
El padre de Agnes solo se quedaría una semana pero aun así ella estaba muy contenta de tenerlo allí, le echaba mucho de menos cuando se iba. Al fin y al cabo tan solo era una niña y era él la única familia que le quedaba ahora. Sus hermanos se habían casado a muy temprana edad y se habían ido de casa para no volver. Eran unos desagradecidos después de todo lo que ella había hecho por ellos y no podían ir ni una sola vez a visitarla, ni siquiera mandarle una felicitación de navidad. Ella les había mandado montones de cartas pero ellos no habían contestado a ninguna y ella dejo de mandarlas. Pero su padre sí que la quería y siempre que podía iba a verla, si en un largo tiempo no podía ir le mandaba dinero para que se pudiera mantener. Lo que él no sabía era que los precios habían subido y apenas le daba para comprar el pan lo que le daba.
Pasada la estancia de su padre Agnes empezó a colgar anuncios por todos lados con el ofrecimiento de dar alojamiento y comida por la cantidad de 3 chelines por semana. Pronto llegaron las contestaciones, entre ellas se encontraban las de dos chicas, y fue a ellas a quien cito para que conocieran sus habitaciones y para ver si eran moradoras correctas. Resultaron ser dos amigas que se acababan de conocer y parecían muy majas y formales. No dudo en darles a cada una su habitación. Al poco tiempo de compartir la casa con ellas se dio cuenta de que se habían hecho grandes amigas las tres.
Rose había vuelto a llegar muy triste a casa, no la había encontrado otra vez trabajo. No sabía qué hacer si no encontraba trabajo pronto no podría pagar su habitación una semana más. Sabía que Eve trabajaba en un bar con actuaciones pero aun no se había armado de valor para pedirle que le ayudara a encontrar trabajo. Pero que podría hacer ella, solo era una camarera, nada más. Aun así tenía que intentarlo, así que el lunes se acerco a Eve y empezó a hablar de cosas sin importancia, como por ejemplo su pasado, la verdad sospechaba que ella no le contaba la verdad sobre ese tema. No se podía creer que una chica con tan buenos modales y de piel tan blanca proviniera de la dureza de trabajar en el campo. Tampoco se creía que una camarera ganara tanto como para poder comprarse tan buenos vestidos y todo tipo de caprichos, debía estar ocultando algo. Pero ¿por qué quería ella ocultárselo a sus mejores amigas?. En verdad, Agnes y Eve eran sus únicas amigas dado que eran las únicas que comprendían lo que era echar de menos a su familia. La madre de Agnes había muerto y su padre estaba en la mar, los padres de Eve habían muerto hace poco y ella había tenido que irse del campo y ganarse la vida por sí misma, o eso decía ella. Cansada de hablar de tonterías como que siempre hacía muy mal tiempo y cosas de esas Rose abordo el tema:
-Eve ¿tienes relación con tu jefe?
-Bueno, solo la que debería haber entre dos personas que trabajan juntas. ¿Por qué?
-Nada porque a lo mejor podrías hablar con él para que me contratara como cantante en su bar, al menos durante una noche.
-Pues claro que sí hablare con él esta misma noche y el viernes estarás actuando.
Esa misma tarde Eve se dirigió a “The Cavern” para empezar su turno de noche. Era un pub poco sucio y oscuro pero desde que los Beatles habían empezado a actuar allí casi todas las noches se había vuelto muy popular. Eve apenas tenía tiempo para pararse a ver la actuación, pero casi siempre se tomaba un descanso de diez minutos para ver a Paul McCartney cantar, no lo hacía muy bien tenía una voz que no pegaba en absoluto con su forma física. Parecía un inocente niño con voz de hombre. Pero a Eve le encantaba, se podría decir que estaba enamorada de él siempre estaba pensando en él, cuando le tocaba servirlos se le trababan las palabras y se volvía una torpe. Siempre hacía el ridículo por eso evitaba a toda costa servirles.
Se dirigió a la cocina para hablar con su jefe sobre la carabina del viernes por la noche. Los anteriores carabinas de los Beatles habían desistido porque creían que cantar no merecía la pena, así que su jefe estaba en un apuro muy gordo y aceptaría a cualquier cantante. -¿Señor? ¿Puedo hablar un minuto con usted?
-Claro Eve ¿de qué se trata? Si es por tu sueldo, te lo subiré cuando empieces a
servir a nuestros cantantes.
-No, no es por eso. Quería hablarle de la actuación del viernes.
-¿También cantas?
-Yo no, pero tengo una amiga que sí y necesita trabajo
-Bueno vale dile que el viernes tiene prueba si le gusta al público se quedara pero sino no. ¿De acuerdo?
-Muchas gracias.
Le abrazo como muestra de agradecimiento y se puso a trabajar. Estaba muy impaciente por llegar a casa y contárselo a Rose se pondría contentísima. Era solo una prueba y la verdad Eve nunca la había visto cantar pero estaba convencida que lo haría genial.
El viernes por la noche Rose estaba muy nerviosa, tenía que actuar delante de mucha gente incluidas sus amigas, Agnes y Eve, y “The Beatles”, el grupo del momento. Si esa noche conseguía gustarles trabajaría allí todo los viernes pero si no tendría que volver a España con su familia. Tenía mucho miedo hasta ahora había fracasado, estaba empezando a pensar que era mala cantando a pesar de lo que decían sus familiares.
Subió al escenario y empezó a cantar su primera canción, al momento vio que le tiraban tomates, había fracasado. El dueño la saco del escenario y la llevo a ella junto con Eve a la cocina.
-Eve, no puedo darle trabajo.
-No es tan mala –dijo Eve
-Ya, pero a la gente no le gusta.
-Tendré que volver a España- dijo Rose desesperada.
-Bueno, no necesariamente, eres guapa.
-¿Eh?
-Te está ofreciendo trabajo como camarera, tiene una forma muy particular de decirlo –le explico Eve.
-¿Bueno aceptas?
-Claro, hare todo lo que haga falta para quedarme en Liverpool.
Y así fue como Rose acabo siendo la camarera de “The Cavern”.
Una vez que Rose y Eve acabaron su turno, fueron a reunirse con Agnes. Ella les esperaba sentada en una mesa, se sentaron con ellas. Al rato aparecieron cuatro chicos muy monos, eran Ringo, John, Paul y George.
-¿Nos podemos sentar con vosotras?- pregunto John.
-Pues claro – contesto Rose, que era la única que no tenía la boca abierta de la emoción. Eve no se podía creer que su mayor sueño, que Paul se sentase con ella, se estuviera cumpliendo. A Agnes le gustaba mucho George y había escuchado muchas veces al grupo, era una de sus mayores fans. ¿Y cuál es el mayor deseo de una fan? Conocer a su ídolo. Mientras las dos chicas estaban inmersas en la emoción los chicos ya se habían sentado.
George se sentó al lado de Agnes y empezó a hablar con ella:
-¿Cómo te llamas?
-Agnes.
-Encantado de conocerte Agnes. Nunca te he visto por aquí.
-Solo he venido a ver la actuación de mi amiga.
-Canta muy bien pero necesita estar acompañada de música.
-Lo mismo pienso yo.
-¿Entiendes de música?
- Algo
-¿Qué tipo de música te gusta?
- Pop y Rock.
-A mi igual. Me encanta Elvis.
-Si está bien…
-¿Está bien?
-No me entusiasma Elvis… Me gusta más Chuck Berry o Little Richard.
-Nunca me encontré con una chica que los prefiriese a ellos.
-Será que soy especial.
-Eso no lo dudes.
Agnes se sonrojo, George creía que ella era especial.
-Nunca me imaginé que hacer ponerse roja a una chica fuera tan divertido.
-No seas malo.
Se acerca a ella y le da un dulce beso en la boca. Agnes se siente como en una nube, sus labios están rozando por primera vez los de un chico. George tenía los labios suaves y esponjosos, ¿qué pensaría ella de su beso de principiante?
-Me encanta tu pelo- acabo diciendo George.
John y Ringo se pusieron a un lado y a otro de Rosa y empezaron a hacer tonterías como siempre. Ringo se puso con las baquetas a marcar el ritmo en la mesa y John a reírse como un maniaco. Entre tanto Rose les miraba con cara rara:
-¿De qué te ríes?
-No sé, ¿tú qué crees?
-Está mal de la cabeza déjalo – dijo Ringo.
-Mira quien fue a hablar el enano narizón con gorrito rojo.
-No llevo gorrito rojo.
-Me dais miedo – dijo Rose
Volvió a ponerse a reír como si nada.
Mientras tanto Paul se sentó al lado de Eve.
-¿Tú no eres la camarera que no quiere atendernos?
Eve se puso roja como una tomate y le contestó:
Eve se puso roja como una tomate y le contestó:
-Puede…
-¿Te damos miedo?
-Un poco si
-Bueno yo se como hacer para que no te demos tanto miedo
-¿Cómo?
-Toma-Le da una pastilla
-¿Qué es esto?
-LSD
-¿Me hará daño?
-Tómalo y lo averiguaras
-Vale pero si me pasa algo espero que me cuides
-Te lo prometo.
Se lo tomó y al cabo de veinte minutos se empezó a poner muy contenta. Empezó a ver unicornios y las paredes distorsionadas, cuando se dio cuenta estaba encima de una mesa quitándose la blusa. Todos a su alrededor la estaban mirando de una forma muy rara, Agnes no se daba cuenta estaba besándose con George y Rose estaba tirándola de un brazo para que se bajara, pero ella no le hacía mucho caso estaba feliz bailando y quitando se la ropa delante de los chicos. John le dijo a Rose:
- Tomate tu también un poco, ella se lo está pasando genial.
- No, está haciendo el ridículo.
- Ninguno nos acordaremos, estamos en el mismo estado que ella, solo te acordaras tú.
George siguió besando a Agnes ajeno a lo que pasaba en la mesa. Tenía su mano en la cintura de ella, bajó la mano y se la puso en la pierna. Se la acariciaba suavemente, mientas que con la otra mano la subía y le acariciaba un pecho.
-Estamos en un bar – dijo Agnes apartándose de él.
-Pues si quieres nos vamos a mi casa.
-Imbécil – le dió una bofetada en la mejilla.
La cogió en volandas y se la llevó a la calle.
-Me da igual lo que digas estás muy buena y no pienso parar.
-Vale… - le empezó a dar manotazos en la espalda sin ningún resultado.
Le metió a la fuerza una pastilla en la boca y mientras la pastilla hacía efecto se la llevó a su casa. Cuando llegaron la puso en la cama, ella estaba riéndose y diciendo todo el rato: “Me pones mucho.”
Le metió a la fuerza una pastilla en la boca y mientras la pastilla hacía efecto se la llevó a su casa. Cuando llegaron la puso en la cama, ella estaba riéndose y diciendo todo el rato: “Me pones mucho.”
George empezó a acariciarle las piernas y a besarla apasionadamente en la boca. Luego le acaricio los pechos, eran firmes y suaves como el culito de un bebe. Ella le empezó a acariciar el pelo y a besar el cuello. Se dejaron llevar por la pasión que ninguno en circunstancias normales hubiera expresado. Se unieron en una sola persona y disfrutaron como nunca lo habían hecho. George se dio cuenta de que Agnes era virgen; él no, ya sus amigos se habían encargado ya de ello.
A la mañana siguiente Agnes se despertó en una habitación que ella no conocía, intentó recordar lo que ayer había pasado pero le fue imposible su último recuerdo era de cuando George se había propasado y le había metido algo en la boca. Se sentía rara le dolía mucho la entrepierna y tenía una sensación de haber tenido algo que no era de ella dentro. También se sentía mojada, como cuando tenía el periodo así que fue al baño y cuando se miro las bragas se dio cuenta de que estaba sangrando, no le tocaba, ¿cómo era posible? Volvió a entrar en la habitación, y lo empezó a comprenderlo todo. Había hecho el amor con aquel chico que estaba tumbado en la cama, ya no era virgen, ¿por qué lo había hecho? Se tiro encima de él y empezó a pegarle.
- Vaya forma de despertarme tienes. – dijo George.
- Me has violado.
- ¿Yo? Tú no pusiste objeción
- Porque me habías drogado. – Agnes empezó a llorar desconsoladamente.
- Shh, no pasa nada, ¿por qué lloras?
- ¿Y si me quedo embarazada?
- Te juro que te cuidare.
- ¿Eh?
- Bueno si la verdad es que me parece que me he enamorado de ti, cuando te besaba me sentía como en una nube, ahora me siento revuelto y con ganas de abrazarte y besarte. No me importa que me pegues porque solo verte me hace feliz. Aparte sé que no estás enfadada de verdad.
- Si lo estoy.
- No lo estas, si lo estuvieras ahora ya no estarías aquí.
Era verdad ella no se arrepentía de haberlo hecho con George solo tenía miedo de haberse quedado embarazada, debía irse y no volver a verle porque si no podía ocurrírsele volvérselo hacer.
- Adiós.
- No hace falta que te vayas, quédate a desayunar.
- No, me voy, adiós, no quiero volver a verte nunca más.
Abrió la puerta y se fue con un portazo, George se quedó en la cama completamente conmocionado, se arrepintió de no haberla retenido, y se puso a llorar como nunca lo había hecho.
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