
Me giré en la cama y lo contemple dormido a mi lado. Estaba tan tranquilo. A veces parecía que no respiraba cuando dormía. No pude evitar que las lágrimas afloraran en mis ojos y acto seguido romper a llorar desconsoladamente.
John, a sus 73 años, no había envejecido ni un ápice. Seguía pareciendo aquel hombre de 40 años al que le había arrebatado la vida. Aunque más o menos eso habían hecho. en 1980 le pegaron 5 tiros de los que cuatro le perforaron el pecho y uno falló. Ninguno le acertó en el corazón, pero los médicos no pudieron reanimarlo porque sus pulmones se había inundado de sangre. Así que se podría decir que murió.
Hace más o menos tres años en mi vida pasó algo maravillosa. Una noche estaba yo estudiando para un examen que tenía al día siguiente y mi principe azul se me apareció en la habitación. Admito que tuve miedo. Obvio, un hombre había irrumpido en mi habitación sin usar ni la puerta ni la ventana. Intente gritar, pero él no me dejó. Me calló con un beso. Desde entonces vivimos juntos.
El me enseñó a los Beatles... me lo enseñó todo. Todo lo que se. Me dio esperanzas en mi vida. Él está ahí en los buenos y en los malos momentos. Me anima me apoya. Me ama...
John abrió los ojos y me miró. Probablemente se preguntó por qué lloraba, pero sin hacer la pregunta me abrazó. Yo sentí su olor y su cariño. Daba igual que para el resto del mundo estuviese muerto. Para mí el seguía y seguirá siembre vivo.
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